En Tarragona, el aire acondicionado no es un extra. A partir de mayo, con el calor y la humedad que se pegan a la ropa, pasa a ser un elemento de seguridad. Conducir con 40 °C dentro del coche cansa, despista y te hace reaccionar tarde. Eso es peligroso.
Así que cuando deja de echar frío, hay que mirarlo.
El síntoma casi siempre es el mismo: le das al botón y sale aire a temperatura ambiente. A partir de ahí manda el diagnóstico. Cambiar piezas a ver si suena la flauta es tirar el dinero.
Lo primero: un vistazo rápido que puedes dar tú mismo
Antes de pensar en averías complicadas, hay un par de comprobaciones que cualquiera puede hacer en la puerta de casa. No arreglan una fuga. Pero alguna vez hay suerte.
- Revisa los fusibles. Parece una tontería. Pasa más de lo que crees. El manual del coche te indica cuál es el fusible de la climatización (A/C); suele estar en una caja de plástico en el compartimento del motor o bajo el volante. Sacas el fusible, miras si el filamento está roto y, si lo está, lo cambias por otro del mismo amperaje. Ni más alto ni más bajo.
- Escucha el compresor. Con el motor en marcha, pide a alguien que active y desactive el aire acondicionado. Tendrías que oír un «clac» metálico en el motor: es el embrague del compresor al acoplarse. Si no suena, puede ser algo eléctrico sencillo, como un relé o un conector, o que el compresor no recibe la orden de arrancar porque no hay presión de gas suficiente.
- Inspección visual. Coge una linterna y mira el radiador más pegado a la parrilla delantera. Ese es el condensador. Busca manchas de aceite o zonas húmedas con polvo pegado. El refrigerante circula mezclado con un aceite específico y, cuando hay fuga, ese aceite sale y deja una mancha muy reconocible.
Si todo parece en orden, toca diagnóstico de taller.
La fuga de gas: el problema más habitual
Que quede claro desde el principio: el gas del aire acondicionado no se «gasta» ni se «consume». El circuito es cerrado. Si falta gas, hay una fuga. Punto.
Por eso una «recarga» a secas es una chapuza. Pan para hoy y hambre para mañana. Además, ese gas acaba en la atmósfera y, desde hace un tiempo, recargar un circuito con una fuga evidente es una práctica sancionable. Lo correcto es encontrar por dónde se escapa.
¿Cómo localizamos la fuga?
Trabajamos sobre todo con dos métodos:
- Tinte detector: metemos un colorante fluorescente en el circuito junto con el gas. Dejamos funcionar el sistema y, con una lámpara ultravioleta y unas gafas especiales, seguimos el rastro del tinte. Funciona muy bien y se ve a simple vista.
- Detector de fugas electrónico («sniffer»): es una sonda que «huele» el refrigerante. La vamos pasando por tuberías, juntas y componentes del circuito. Cuando detecta gas, pita.
Lo que más nos encontramos son condensadores picados por chinazos de la carretera, juntas tóricas resecas por los años y algún manguito que ha ido rozando contra otra pieza del motor hasta abrirse.
El compresor: cuando la avería es seria
Si el circuito tiene gas suficiente pero no enfría, o se oye un ruido metálico feo, las sospechas van al compresor. Es la pieza que mueve todo el sistema. Y la más cara.
Puede fallar de dos maneras:
- Fallo eléctrico: lo más común es que se queme la bobina del embrague electromagnético. Entonces el compresor no llega a acoplarse. A veces basta con cambiar el embrague, y la reparación sale bastante más barata.
- Fallo mecánico: el compresor se gripa por dentro. Esto es grave. Al griparse suelta virutas metálicas que contaminan todo el circuito, así que no vale con poner un compresor nuevo: hay que desmontar el sistema, limpiar a fondo las tuberías y cambiar el filtro deshidratador y la válvula de expansión. Es un trabajo largo. Y caro.
Enfría en carretera, pero en ciudad no. ¿Qué pasa?
Este síntoma da una pista muy clara. Si el aire enfría bien a 80 km/h pero deja de hacerlo en un semáforo o en un atasco, el culpable casi seguro es el electroventilador.
El condensador necesita un flujo de aire constante para enfriar el gas. En marcha, el aire que entra por la parrilla basta. Parado, ese trabajo lo hace el electroventilador. Si no funciona, o no entra a la velocidad que toca, el gas no se enfría, la presión del circuito se dispara y el sistema se desconecta por seguridad.
En plena Nacional 340 en agosto, se nota enseguida.
«He visto kits de recarga por internet». Ojo con esto
Entendemos la tentación de comprar una botella y hacerlo uno mismo. Es mala idea, y por varios motivos:
- No sabes cuánto gas le falta: cargar a ciegas puede provocar una sobrepresión y dañar el compresor.
- No haces el vacío: en el taller, antes de cargar, conectamos una bomba de vacío para sacar toda la humedad del circuito. La humedad es el peor enemigo del A/C.
- No añades el aceite: el gas va con un aceite específico (PAG o POE) que lubrica el compresor. Sin él, acabas gripándolo.
- El gas puede no ser el correcto: los coches más antiguos usan R134a; los modernos, R1234yf, bastante más caro y con maquinaria propia. Mezclarlos es avería segura.
Lo que parecía un ahorro termina, muchas veces, en una factura mucho mayor.
Mantenimiento que sí puedes hacer tú
Hay dos cosas en tu mano que ayudan a que el sistema rinda mejor y dure más:
- Cambiar el filtro de habitáculo: si está sucio, baja el caudal de aire y aparecen malos olores. Lo recomendable es cambiarlo una vez al año.
- Limpiar el condensador: con cuidado y sin acercar mucho el agua a presión, puedes quitar los mosquitos y la suciedad que se quedan en las aletas. Un condensador limpio disipa mejor el calor.
Y una última cosa. Antes de cambiar piezas o pagar una recarga sin más, asegúrate de saber dónde está el problema. Con un buen diagnóstico, tienes media reparación hecha.