Guía completa

Repintar no es solo “dar color”

Pintar un coche entero es de los trabajos donde más se nota la diferencia entre hacerlo bien y hacerlo rápido. La parte que se ve, la capa de color y el barniz, es la más corta del proceso. Lo que realmente decide el resultado final ocurre antes: la preparación de la superficie.

La preparación pesa más que el pintado en sí

Antes de que entre nada de pintura, la carrocería pasa por un lavado a fondo, descontaminación para quitar restos de alquitrán o partículas incrustadas en la chapa, lijado completo de toda la superficie y, donde haga falta, masilla e imprimación. Un panel mal lijado o con restos de silicona de un encerado anterior se nota luego en la pintura: pequeños cráteres, falta de agarre, adherencia irregular. Es trabajo invisible una vez terminado, pero es el que más horas consume y el que separa un repintado bien hecho de uno que empieza a fallar a los pocos meses.

Repintado del mismo color o cambio total

Son dos trabajos distintos en exigencia, aunque el proceso se parezca. Repintar del color original busca igualar exactamente el tono que ya lleva el coche, así que basta con cubrir bien las zonas trabajadas y respetar las transiciones con la pintura original de fábrica. Un cambio de color completo es más exigente: hay que dar cobertura uniforme en todos los paneles, cuidar zonas que normalmente no se tocan en un repintado, como cantos de puerta o el interior del capó y del maletero, y asegurar que el resultado se vea homogéneo desde cualquier ángulo.

Color exacto con espectrofotómetro

Da igual si es un repintado del mismo color o un cambio total: en ambos casos medimos el tono con un espectrofotómetro digital, un aparato que lee el color exacto de la carrocería y calcula la fórmula precisa de pigmentos. Es la diferencia entre “un color parecido” y el color real de fábrica, sobre todo en metalizados y perlados, donde a ojo es fácil quedarse cerca pero no exacto.

Trabajamos con Standox y Glasurit, dos de las marcas de referencia en pintura de automoción, en una cabina propia con control de temperatura y humedad. Esas dos variables afectan directamente al secado y al acabado final: pintar fuera de cabina, a la intemperie o con condiciones no controladas, es la causa más habitual de que un repintado quede con motas de polvo o con el brillo irregular.

Sólido, metalizado, perlado o mate

No todos los acabados exigen el mismo nivel de dificultad. El sólido es una sola capa de color y el más fácil de igualar. El metalizado incorpora partículas de aluminio que reflejan la luz, y hay que aplicarlo con una técnica muy uniforme para que no aparezcan vetas o diferencias de tono entre paneles. El perlado añade capas de mica que cambian de matiz según el ángulo de luz, y es el acabado más complejo de igualar bien. El mate exige su propio barniz específico y un cuidado especial en el pulido, porque un mate mal tratado pierde su textura característica.

El paso final: el pulido

Tras el curado del barniz, se pule para nivelar la superficie y devolver el brillo de fábrica, eliminando la piel de naranja que puede quedar tras la aplicación. Es el paso que da el acabado final visible, y va incluido en el presupuesto, no como un extra aparte que aparece al final.