La ITV no es una lotería

Cada año, la misma historia. La pegatina de la ITV está a punto de caducar y empieza el nerviosismo. ¿Pasará? ¿Me tirarán por esa luz que a veces parpadea? ¿Y los humos?

La inspección técnica no está para fastidiar, sino para asegurar que lo que circula por la carretera es razonablemente seguro. Y la verdad es que, en la mayoría de los casos, los suspensos vienen por fallos que se podrían haber evitado con una revisión de diez minutos en casa. Aquí no vamos a hablar de averías gordas, sino de esos detalles tontos que te hacen perder la mañana y tener que volver.

Los tres puntos que causan más rechazos

En el taller vemos desfilar decenas de coches cada mes para revisiones pre-ITV. Y aunque cada coche es un mundo, los motivos de rechazo se repiten una y otra vez. Se concentran casi siempre en tres áreas.

  1. Alumbrado y señalización: Es el campeón de los fallos leves, que sumados pueden acabar en un desfavorable. Una bombilla de posición, la de la matrícula o una de freno. Son cosas que uno no ve mientras conduce.
  2. Ejes, ruedas, neumáticos y suspensión: Aquí ya hablamos de cosas más serias. Un neumático desgastado por debajo del testigo legal, una holgura en una rótula o un amortiguador que pierde aceite son fallos graves directos.
  3. Emisiones contaminantes: La prueba de opacidad para los diésel y la de gases para los gasolina es el gran filtro, sobre todo en coches con ciertos años o que hacen mucha ciudad.

Frenos y dirección también son críticos, pero sus fallos suelen ser más evidentes para el conductor en el día a día.

El fallo tonto: la luz de la matrícula

Parece una broma, pero es uno de los fallos más absurdos y comunes. Nadie se fija en la luz que ilumina la matrícula trasera. A menudo llevamos una o las dos fundidas durante meses. Es un fallo leve, sí, pero si el inspector tiene un mal día y ya te ha apuntado un par de leves más (un intermitente que luce blanco en vez de naranja, una luz de posición que no va), puedes llevarte la sorpresa.

¿Cómo revisarlo? Es simple: pon las luces de posición y date una vuelta por detrás del coche. Si no luce, cambiar esa bombilla suele ser muy sencillo en la mayoría de modelos. A veces solo hay que quitar un par de tornillos del plafón. Revisa el manual de tu coche.

Humos: el gran miedo de los diésel

La prueba de gases es un momento de tensión. Sobre todo con los motores diésel. El inspector le da varios acelerones a fondo para medir la opacidad del humo. Si el coche echa una bocanada de humo negro, es probable que no pase.

Este problema es muy habitual en coches que solo hacen trayectos cortos por ciudad, como pasa mucho aquí en Tarragona. El motor no llega a calentarse bien, la carbonilla se acumula en el escape, en la válvula EGR y en el filtro de partículas (FAP).

Un consejo de taller que funciona casi siempre: antes de ir a la ITV, saca el coche a la autovía. Llévalo alegre durante unos 20-30 minutos, en una marcha más corta de lo normal (a unas 3.000 rpm, por ejemplo). Esto ayuda a que el sistema de escape coja temperatura y queme parte de esa carbonilla acumulada. Llega a la estación con el motor caliente, no dejes que se enfríe en la cola. No es un milagro, pero ayuda mucho.

Si el problema persiste, seguramente hay un tema de fondo con la EGR, el FAP o los inyectores que necesita una revisión en condiciones.

Los neumáticos: el único contacto con el asfalto

Aquí no hay margen de error. Los neumáticos son un elemento de seguridad de primer orden y los miran con lupa. El fallo más común es el desgaste.

La ley dice que el dibujo debe tener una profundidad mínima de 1,6 milímetros. Todos los neumáticos tienen unos testigos de desgaste en el fondo del surco. Son unos pequeños tacos de goma. Si el dibujo está al mismo nivel que el testigo, el neumático está para cambiar. No esperes a llegar a ese punto.

Otro fallo grave es llevar neumáticos de distinto tipo en el mismo eje (por ejemplo, uno de una marca y otro de otra con distinto dibujo) o con medidas que no figuran en la ficha técnica del vehículo. Y ojo con los golpes en los flancos (los famosos “huevos”), que son motivo de rechazo inmediato.

Checklist rápido para hacer antes de salir de casa

No necesitas herramientas. Solo cinco minutos y, si acaso, alguien que te eche una mano para comprobar las luces de freno.

  • Luces: Comprueba posición, cruce, carretera, intermitentes (los cuatro y los de emergencia), marcha atrás y antinieblas. Pídele a alguien que pise el freno para ver si lucen las tres luces de freno. No te olvides de la de la matrícula.
  • Testigos del cuadro: Al dar el contacto, se encienden varios testigos. Deben apagarse todos a los pocos segundos de arrancar el motor. Si se queda alguno fijo (motor, airbag, ABS…), es fallo grave.
  • Limpiaparabrisas: Acciona los limpias y el chorro de agua. Las escobillas deben barrer bien, sin dejar rastros. Si no echa agua, rellena el depósito. Es un fallo tonto pero te pueden tirar.
  • Claxon: Toca el pito. Tiene que sonar.
  • Cinturones: Comprueba que todos los cinturones enganchan y recogen correctamente.

Con solo revisar estos puntos, te quitas de encima más de la mitad de los motivos de rechazo habituales. Si después de esta revisión algo no te cuadra o prefieres que un profesional le eche un vistazo, una revisión pre-ITV en un taller de confianza siempre es una buena idea.