Guía completa

Un sensor pequeño que manda mucho

La sonda mide el oxígeno que queda en los gases de escape. Con ese dato la centralita decide cuánta gasolina inyectar en cada momento. Cuando envejece no se rompe de golpe: se vuelve perezosa, y el motor pasa a funcionar con una mezcla algo más rica de lo necesario. Lo notas en el surtidor antes que en el volante.

En Tarragona vemos mucho coche que hace solo trayectos de diez minutos por el centro o el ida y vuelta diario a Reus por la T-11. Ese uso no destroza una sonda, pero cuando además hay consumo de aceite o un inyector que gotea, la sonda se ensucia antes y empieza a dar lecturas falsas.

Cambiar una o cambiar las dos

Si una sonda ha llegado al final por kilómetros, la otra suele llevar los mismos. A veces compensa cambiar ambas en la misma visita; otras veces la segunda está perfecta y no tiene sentido tocarla. Lo decidimos con la lectura delante, no por costumbre.

Si quieres adelantar trabajo, mándanos por WhatsApp el código que te da el coche al 659 731 615 y te decimos qué conviene mirar primero.